sábado, 23 de abril de 2016

Hannibal (NBC)

Quien me conozca personalmente sabe que si alguien se arriesgara a preguntarme por alguna serie de televisión, la conversación gravitaría sobre la afirmación vehemente "¡Hannibal! Deberías ver Hannibal, en serio". Puede que recomendara otras, por amor a la variedad, pero, irremediablemente, terminaría por reiterar la absoluta importancia de ver Hannibal.

Sobre esta serie se han escrito ríos de tinta. Si bien la audiencia nunca alcanzó grandes índices (lo que llevó a su cancelación tras la tercera temporada), la crítica siempre ha sido extremadamente favorable con ella y, además, cuenta con uno de los fandoms más activos y salvajes de la red. Yo también quiero alimentar a este monstruo mediático con mi modesto análisis. Os presento "por qué es buena idea parar todo lo que estéis haciendo (o casi) para ver Hannibal":

1. La trama. El desarrollo de la acción puede parecer lento, incluso medianamente sencillo, al principio. Pronto, si no nos rendimos tras los dos primeros capítulos, nos damos cuenta de la magnitud y complejidad que puede llegar a adquirir la trama (y creedme cuando digo que la adquiere).
2. La estética. Unas veces horroriza y otras deleita. Lo bello y lo siniestro van de la mano. No son sino dos caras de la misma moneda.  En cierto modo, es sublime, si se considera como un todo. Desde las macabras (y desagradables al extremo) escenas del crimen, al barroquismo inquietante del mismo doctor Lecter y todo lo que le rodea. La naturaleza es especialmente relevante en la primera temporada. Aquí hay que tener en cuenta todo el simbolismo centrado en el mito del wendigo (ligado a ciertos fenómenos de psicosis relacionada con el canibalismo). Esto nos lleva, por asociación de ideas, a Algernon Blackwood (autor de El Wendigo). La primera temporada bebe, en cierto sentido, de la herencia de ese horror atmosférico, y crea un escenario perfecto para la caída de Will a los infiernos. Durante la segunda, se mantiene, si bien el barroquismo se hace más presente. Esa tendencia alcanza su cumbre en la tercera temporada, que en este sentido (y sólo en este sentido) parece sacada de un cuento de hadas, sobre todo la parte que transcurre en Florencia.
3. Los personajes y las relaciones que se crean entre ellos. Aquí cobra protagonismo la relación entre Will y Hannibal, uno de los ganchos de la serie. Tóxica. Abusiva. Interdependiente. Menos mal que sólo es una relación médico-paciente. ¿O sólo tienen conversaciones? Sin duda, casi llega a monopolizar la atención del público.También se nos muestran (convenientemente) otras relaciones que establece Hannibal con los demás personajes, a destacar Abigail Hobbs (quasi especie de hija subrogada), su psiquatra, la doctora Du Maurier (puede que de los más interesantes, aunque cobre relevancia con el tiempo), Alana Bloom o Jack Crawford. Todos ellos están bien delineados, aunque cuentan con ciertas notas de indefinición que les permite "adaptarse, evolucionar, convertirse". No están cerrados a la influencia de las circunstancias (lo que suele ser sinónimo del influjo que Hannibal ejerce sobre ellos).
4. El reparto. Por el blog hay una entrada dedicada a La Caza, de Thomas Vinterberg. Si no me equivoco, califiqué la actuación de Mads Mikkelsen de impresionante. Aquí ofrece un Hannibal exquisito, en cierto modo comedido y al acecho. A Will Graham lo encarna Hugh Dancy. Puedes sentir su sufrimiento y confusión, su decadencia y cambio. Una actuación sin tacha. Entre otros, destacan Lawrence Fishburne (The Matrix) como Jack Crawford, Michael Pitt (Funny Games) como Mason Verger, Richard Armitage (El Hobbit) como Francis Dolarhyde o Gillian Anderson (Expediente X) como Bedelia du Maurier.
Podría seguir con esto todo el día, pero creo que lo mejor será que deje la entrada aquí. ¡Suficiente por hoy!  No sé si habré convertido a mucha gente a la causa, pero me he quedado bien satisfecha.

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